Archivo del 26 de Noviembre de 2009
Charles Aznavour & The Clayton Hamilton Jazz Orchestra
Que comience a sonar la big band. El 1 de diciembre vuelve Aznavour con su nuevo álbum Charles Aznavour & The Clayton Hamilton Jazz Orchestra. Es un nuevo Aznavour, un Aznavour que recuerda al primero, quizá antes de que comenzara a cantar, cuando aún no había encontrado su voz y hacía canciones para otros.
Las canciones que componía para otros artistas tenían una orientación jazzística, furiosa y sinceramente jazzística. Y en su nuevo álbum, para contradecir rumores de una despedida de la música a la francesa, Aznavour vuelve dando un puñetazo sobre la mesa. No canta nuevas canciones. Canta sus antiguas canciones de manera que parecen nuevas. Con 85 años cumplidos, las canciones de Charles Aznavour son conocidas por todos y han sido cantadas por todos. Son canciones intocables, con sus inflexiones, sus orquestaciones, una frase de guitarra, un vals con el violín… Están en la memoria y muchas de ellas también en este disco: La Bohême, Comme ils disent, Des amis des deux côtés, A ma fille, Le jazz est revenu, Il faut savoir, The Jam, Je n’oublierai jamais, De moins en moins, Voilà que ça recommence… Junto a estos clásicos, dos temas nuevos que abren el álbum: Fais-moi rêver y Je suis fier de nous, a dúo con Rachelle Farrell.
Aznavour no es exactamente un poeta. Sus letras nos llegan con una simplicidad engañosa y una acidez inesperada, como balanceándose al compás de la música. Canciones como Il faut savoir, Comme ils disent o La Bohême son monumentos y los oídos son conservadores y quieren escuchar aquella primera versión, la que bailaste alguna vez, con la que has amado, gritado, abrazado o te has desesperado. Una nueva grabación de estas canciones hubiera podido tener todo el lujo a su alcance: los mejores músicos de sesión, estudios con todas las facilidades, tecnología de última generación… Terco como una mula, Aznavour resiste y graba con The Clayton Hamilton Jazz Orchestra.
Cuando pisó por primera vez los estudios Capitol en el 1750 North Vine St., Hollywood, Charles Aznavour conocía las voces que habían grabado en ese templo futurista: Nat King Cole, Louis Armstrong y Ella Fitzgerald, Sinatra, Dean Martin y, más recientemente, Diana Krall. Cuando salió de allí hacia Sunset Boulevard con el comportamiento de un joven Rolling Stone, se reía al pensar que un día podría ver su foto en la pared del estudio, junto a esos grandes: “No quiero ser jactancioso, pero es un sueño infantil ver la foto de un francés allí arriba”. El álbum está marcado por este espíritu de frescura.
El disco es un encuentro con The Clayton Hamilton Jazz Orchestra, la más musical de las big bands, la más sofisticada, la más potente a la hora de tocar. Son 25 años de experiencia y la agrupación ha grabado muchos, muchos discos y conseguido premios Grammy como para llenar un chalet en Malibú. Hay saxos, trompetas y trombones, pero también carinetes bajos, violines, cellos y violas. Son músicos maestros en crear un sonido que captura la imaginación, hace soñar y puede llevarnos tanto al cielo como al infierno. “Tengo amigos en los dos sitios”, dice Aznavour.
Lo que se ha buscado en las canciones es conservar el latido y esto, más que cambiarlas, las ha enriquecido con nuevas e imprevisibles armonías y unos arreglos exactos y precisos que han sabido ser discretos y ponerse al servicio de la letra cuando era necesario. Las nuevas canciones del álbum suenan con el espíritu clásico, con melodías que nos parecen familiares a la primera escucha, con un aliento y un latido inimitables, únicos.
Los arreglos para la orquesta se han trabajado con cuidado, para que cada pasaje fuese capaz de moverse entre sombras y nubes, con matices para el sonido de cada músico y de cada instrumento. Como para no olvidar que la más popular de las músicas intelectuales (el jazz) es, antes que nada, precisamente intelectual, una sutil mezcla de fundamentalismo e ignorancia, algo que tienen claro todos los grandes maestros de este género musical.
Para Aznavour, todo esto se ajusta como un guante. Cuando Jacky Terrasson toca el piano, con los fraseos duros del saxo alto de Jeff Clayton (hermano de John) o con la impecable manera de tocar la batería de Jeff Hamilton (cofundador de la orquesta). El álbum es ambicioso y logrado. El jazz ha vuelto de golpe y Charles Aznavour nunca se ha encontrado más a gusto ni ha sido más verdadero que en este disco. El 1 de diciembre, Charles Aznavour vuelve con The Clayton Hamilton Jazz Orchestra.
El Muro de Berlín, totalmente renovado, vuelve a escena
La banda de pop rock más canallo-dulzón, nos mostró ayer tarde que están dispuestos a llegar a lo más alto del panorama musical actual. El Muro de Berlín, totalmente renovado, con la incorporación de un nuevo miembro y la despedida de otros dos que quedaron atrás en la andadura del grupo zaragozano, demostró que disfuta en el escenario y logró contagiar al público que coreó la mayoría de los temas.
Grillo, Manu, Josan y Edu (el nuevo fichaje del grupo), nos contaron que están preparando un nuevo disco que saldrá a la luz en el próximo año. Veremos qué nos ofrecen de nuevo en sus temas, de momento pudimos notar un ligero cambio de look y a Grillo, el vocalista del grupo, también a la guitarra. Estamos ya impacientes por escuchar este trabajo.












