Archivo del 21 de Abril de 2010
Oulet solidario de primeras marcas de moda en Cool Rom
TEXTO Y FOTOS: Eduardo Granizo
Ayer día 20 de Abril arrancó el outlet solidario en el espacio Cool Room, un rastrillo multimarca benéfico y en colaboración con la Fundación Pequeño Deseo, que permanecerá abierto hasta el próximo 23 a las 21:00 en el espacio “Cool Room” calle Trueba y Fernandez de Madrid.
Por ello, personajes del panorama del mundo de la moda y de la televisión como Verónica Hidalgo, Mariam Hernández, y otros, se dieron cita ayer día para apoyar la causa de manera desinteresada.
A esta cita se suman PYMES del sector textil español y jóvenes firmas como ALONSIZE (alta costura), que vistió a las invitadas nombradas anteriormente para donar parte de la recaudación a la causa solidaria. Cool Room, moda y cultura aúnan fuerzas para colaborar y proporcionar con su granito de arena a dar cobertura a esta iniciativa social.
“Todos lo niños merecen soñar y que sus sueños se hagan realidad”, “La mejor medicina para un niño es cumplir su pequeño deseo”
Jorge Drexler en el Teatro Principal de Zaragoza
FOTOS: Fotografiadeconciertos.com
“El arte de planchar faldas y doblar camisas”
Era un domingo anochecido y me hallaba planchando faldas de colores con la tabla desplegada frente al televisor encendido, aunque con la vista puesta en mis movimientos de manos para no quemar ninguna prenda. De pronto, una melodía hizo que dirigiera mis ojos hacia la pantalla: “Mire donde mire, te veo”. Fue así como descubrí un programa literario de contenidos nada desdeñables y así también como descubrí “Deseo”. Apenas sé acerca de Jorge Drexler: uruguayo de los que se afincan en España, otorrinolaringólogo de los que no ejercen, vindicador de los que se revelan cantando a capella, amante de los que se dejan querer por mujeres que poseen muy personales voces de deliciosa e ilimitada gravedad (y después ellos componen canciones, escriben canciones que las abrazan y las besan). Apenas sé acerca de Jorge Drexler: me sé canciones, algunas de sus canciones, porque casualmente han ido llegado hasta mí haciéndome experimentar una sensación como de falda arrugada, pero en el pecho.
Hubieron de sucederse tres olas de aplausos antes de que el artista apareciera en el escenario del Teatro Principal de Zaragoza, con sobresaliente presencia de público a pesar de ser martes. Entonces una última ola, más desbordada y expresiva que las anteriores, inundó el teatro. Vestido de impoluto traje, Jorge Drexler saludó con la elegancia de un hombre acostumbrado a doblar camisas blancas, sereno, tranquilo se dirigió hacia su Gibson Chet Atkins Country Gentelman roja, “linda como ella sola”, colocada junto a otra española, que se colgó con un movimiento rápido y muy cuidado. La Gibson. Mientras, sus músicos iban arropándolo formando un semicírculo a sus espaldas, una banda en la que los metales han adquirido una brillante y probablemente acertada relevancia en detrimento de las, por otra parte, magníficas cuerdas que se advertían en canciones de anteriores trabajos. Jorge Drexler se preocupó de explicar que se trataba de una formación fresca y nueva, con miembros provenientes de remotas geografías más allá de la española y que, debido al tan reciente comienzo de gira (no especificó si estos miembros habían sido también sus músicos de estudio en el disco que presentaba, “La trama y el desenlace”), estaban en pleno proceso de conocerse. Además de los tres metales (trombón de varas, trompeta y saxofón), espléndidos a pesar de la casi imperceptible vacilación del trompeta justo al inicio de uno de los temas, cabría destacar el papel del percusionista, vasco, que ejercía una especie de mímesis con la batería, siendo ambos uno solo y que tocaba su instrumento a través de bellos movimientos que rozaban lo coreográfico. Movimientos de marioneta, enérgicos, precisos, pero como si fueran de algodón sus articulaciones, como si fueran dirigidos sus brazos por alguien, desde arriba y mediante invisibles hilos. En lo que a la percepción visual se refiere, resultaron también muy sugerentes los momentos en los que hasta tres músicos, seis manos, se colocaban frente a la imponente marimba, recurriendo incluso al elemento cómico, jugando a despistar, a confundir sus brazos entre sí y generar un aparente caos, en realidad un perfecto y melodioso orden color madera. Uno de aquellos músicos hacía también las veces de guitarra y el tercero de ellos se encargaba de, entre otros cometidos, hacer sonar un curioso instrumento parecido a una sierra (en el caso de que no lo fuera), que vibraba gracias a un arco de los que utiliza la sección de cuerdas. En definitiva, nos hallábamos ante una exquisita formación capaz de sonar a la perfección, sobre todo en cuanto a capacidad que cada instrumentista poseía para encontrar su lugar en la masa global del sonido y mantenerse en un muy segundo plano, pero presente en cada arreglo, en cada nota, logrando un conjunto uniformado y muy eficaz.
Jorge Drexler interpretó casi la totalidad de las canciones que integran “Amar la Trama” (Warner, 2010), divididas en dos bloques entre los cuales cambió el set eléctrico por el más estricto de los acústicos. Cabe apuntar que el LP fue grabado en tan sólo cuatro días, después de transformar un plató de televisión en estudio, con la banda tocando en directo (claro), ante una veintena de espectadores por jornada. Acaso deban derivarse de este hecho la frescura y la inmediatez que caracterizan este disco pues, en definitiva, no es sino el resultado de un prolongado concierto, lo que supone que los momentos álgidos de conexión entre Jorge Drexler y la banda, entre los integrantes de ésta y, por supuesto, que los momentos álgidos de conexión para con el público, quedaran registrados. Esto, desgraciadamente, es algo que no sucede muy a menudo o que se pierde en algún punto del proceso de grabación en un estudio tal y como se concibe. “Amar la Trama” suena así, alejado ya de cualquier poso electrónico anterior, muy natural, orgánico, real. No obstante, de las canciones compuestas por Jorge Drexler, continúan siendo rasgo diferenciador las melodías cálidas, dulces, envolventes, suaves; Jorge y su voz siempre leves y sutiles, siempre amenazando la lágrima del que escucha con el más enternecedor de sus susurros musicados; las instrumentaciones del buen gusto y los cadenciosos ritmos rioplatenses siguen siendo asimismo tónica (y dominantes), intentando aunar lo tradicional de su Uruguay con lo más contemporáneo para generar singles que lo han llevado, por ejemplo, a ganar un Oscar. Resulta necesario destacar, porque es lo verdaderamente distintivo y maravilloso de la música de Jorge Drexler, el rol que las palabras desempeñan en sus canciones. Deberíamos sumergirnos en la tradición literaria del Río de la Plata para contextualizar y entender el particular universo en el que se circunscriben sus letras, inconmensurables, inmensas en cuanto a heterogeneidad, ingenio, originalidad y riqueza de los recursos estilísticos de los que se vale: aliteraciones, concatenaciones, diáforas, metáforas, paronomasias, quiasmos… que nos remiten a la denominación de “poeta”, alguna vez utilizada con mayor o menor atino. Acaso sea menos barroco que en épocas anteriores, más liviano quizás, grácil, ligero y desprendido o casi del sintagma “melancolía con cierta luminosidad” del que se servía hasta hace muy poco para describir su estilo: Jorge Drexler parece centrarse cada vez más en la sola luminosidad. Al tiempo, resulta brillante y poseedor de una facilidad intachable para resolver aforismos así como para sugerir sus tan particulares micro-historias, verbigracia, la protagonista de “La trama y el desenlace”.
Pero hasta que sonó esta canción que invita al Carpe Diem sin adelantarse a los acontecimientos, a lo que está por llegar y nos es ajeno, en contraposición al presente (algo que podría extrapolarse, con matices, al sentido general del disco) hubieron de sucederse el resto de cortes: “Aquiles por su talón es Aquiles”, “I don’t worry about a thing”, “Las transeúntes” (sin la guitarra de Josemi Carmona), “Toque de queda” (que Jorge Drexler interpretó prescindiendo, lástima, de la necesaria voz de Leonor Watling -necesaria para que el tema no caiga-), “Tres mil millones de latidos” o “Una canción me trajo hasta aquí” (de las más vitalistas). Entre los dos citados bloques de canciones, el artista fue quedándose solo, a medida que sus músicos desaparecían con un singular baile de sombras larguísimas que se entremezclaban y proyectaban hacia la parte posterior del escenario. Momento idóneo para que Jorge Drexler agradeciera “a los maños” su presencia, se refiriese a Zaragoza como una de las ciudades en las que más cómodo se siente y a la que regresa en cuanto puede (“seguro que eso se lo dices a todas”) y subrayara el valor de la labor del equipo que trabaja para que giras y conciertos como aquel (que se dilató hasta casi alcanzar las dos horas de duración) se desarrollen según lo deseado y pautado. Después, sentado ora en una banqueta, ora en el suelo, ora en las escaleritas de subida al escenario, Jorge Drexler mantuvo un pragmático diálogo con el público, extremadamente atento, predispuesto a la maravilla y receptivo, decidido a elaborar un setlist de grandes éxitos que Jorge Drexler habría de interpretar. Así, asido a su guitarra española, solos guitarra y vos (“voz”, quiero decir), rescató de manera extremadamente íntima canciones como “La vida es más compleja de lo que parece”, “Polvo de estrellas”, “Todo se transforma” o “Guitarra y vos”, para mí uno de los puntos álgidos del concierto. En esta canción en concreto, Jorge Drexler dejó que fuera el público quien cantara los estribillos, para que nos recreáramos todos en la tímida sacudida que recorre la espalda, hace saltar los botones de las emociones y eriza la piel. Creí estar asistiendo, haber asistido a un momento mágico y único hasta que no comprobé, vía YouTube y ya en la mañana del miércoles, que Jorge Drexler había propiciado esa idéntica situación de clímax en otros tantos conciertos, con aquella misma canción. La música, albricias, nos iguala a todos y, en caso de duda, existe la red.
Es obvio que nos hallábamos ante un artista de dilatada carrera sabedor de lo importantísimo de conectar, de interconectar. Una concluye que, lo que sucede, es que Jorge Drexler se abstrae del concepto “público” como suma de personas para cantarnos, a él, a ella, a mí, a todos nosotros individualizados. Esto, aunque no único, como lo sucedido con “Guitarra y vos”, sigue siendo mágico. Por otro lado, da que reflexionar que un artista como Jorge Drexler, el hombre elegante, el músico detallista, el cantante sereno, el poeta sibarita, esté detrás (también, “compaginándolos”) de asuntos tan ¿desconcertantes? como, por ejemplo, la adaptación al español del hit “She Wolf” de Shakira, que habrá podido llamar la atención del escuchante medianamente formado y no precisamente por la lírica que pueda entrañar el mismo. Contradicciones o no, aludir a Jorge Drexler conlleva aludir al mainstream. No olvidemos que nos referimos al artista que, a modo de protesta, osó cantar “Al otro lado del río” cuando subió a recoger su premio en la correspondiente gala de los Oscar, lo que resultó una intervención muy controvertida. Y osó cantarla en la gala porque, de hecho, estaba presente en ella. No importa que los académicos hollywoodienses convinieran que debía ser Antonio Banderas, en el papel de mediático y más popular “doble”, quien interpretase la susodicha canción durante la gala. Nos encontramos ante un tipo listo, Jorge Drexler es un viejo lobo.
En cualquier caso, regresando al concierto del pasado martes, llegando ya a su desenlace, cabría señalar que, precisamente, “La trama y el desenlace” se hizo esperar demasiado y que “Deseo” no estuvo entre las varias canciones que agotaron los bises. A mí me habría gustado. Al final, el público se encargó de ligar la última nota de todas a sus entregados y eufóricos aplausos y silbidos, un público que se levantó para despedir a Jorge Drexler moviendo las manos, pero sin decir “adiós”. Yo me incorporé del asiento con cuidado, asegurándome de no haber arrugado mi falda en exceso, ocultando un clínex en uno de los bolsillos, con sumo disimulo, mientras rememoraba aquel domingo anochecido que pasé planchando frente a la pantalla del televisor. Aplaudí, silbé y al, regresar a casa, comprobé que mi falda estaba totalmente arrugada. La falda del pecho, quiero decir.
Ilegales cuelga el cartel de “No hay entradas” para su próximo concierto en Madrid
Ilegales están arrasando en su gira de despedida de los escenarios: el concierto de Madrid en la sala Heineken-Arena cuelga el cartel de “No hay entradas” tres días antes de su celebración.
Esto ocurre después de ser uno de los grupos más aplaudidos en el Wanted Festival de Zaragoza (donde se agotaron las localidades pese a competir con el partido Madrid-Barcelona) y de conseguir un lleno espectacular en Santiago de Compostela el pasado 17 de abril, donde poco faltó para que también se agotaran las entradas.
La expectación por ver al grupo, después de la publicación de sus “126 Canciones Ilegales” (PopUp / Peermusic, 2009), ha crecido espectacularmente y el ritmo de venta de localidades para los conciertos hace prever que la exitosa situación de Madrid podría repetirse en alguna otra de las fechas previstas, que serán las últimas oportunidades para ver a Ilegales en directo antes de su desaparición para reconvertirse en Jorge Ilegal y los Magníficos.
Para todo el que aún no se haya enterado de las fechas de la gira y quiera hacerse con una entrada antes de que se agote, recordamos las fechas, para las que se pueden conseguir las entradas en la sección de conciertos de www.jorgeilegal.com
23 de abril. Madrid, sala Heineken-Arena – AGOTADAS LAS LOCALIDADES
1 de mayo. Pamplona, sala Totem
7 de mayo. Murcia, sala Gamma
8 de mayo. Córdoba, Festival Música entre las Flores
15 de mayo. Bilbao, Café Antzokia
20 de mayo. Salamanca, sala Camelot
29 de mayo. Barcelona, Razzmatazz 2
18 de junio. Granada, sala El Tren
19 de junio. Sevilla, sala Q
















