Crónica del concierto de Pereza en la Multiusos de Zaragoza: “Pereza no sacude las alfombras”
Texto: Juan Luis Saldaña
Otra vez Pereza. El bajista se rompió el brazo, qué pena. Leiva ha sido bajista toda la vida hasta que llegó el éxito, así que no pasa nada. Se podría haber ahorrado el comentario y dejar que fluyera el rock. O no. Mirando el set list mientras sonaban los teloneros este cronista se asustó al ver el número de canciones que iban a sonar: veintinueve. Coño, como el portal de mi casa. Pereza sigue igual. No ha cambiado y eso en el mundo de la música es bueno y es malo. Bueno porque siguen comiendo del negocio. Malo porque dan más de lo mismo. La gira de la banda está siendo más larga que un día sin pan. Pereza ya estuvo en Zaragoza en el Pilar del 2009 con este mismo espectáculo que está trillado, retrillado y empieza a oler a quemado.
El mismo decorado, las mismas cortinas rojas, las mismas alfombras sin sacudir, el mismo percusionista doblando la caja al batería, el mismo saxofonista con ganas de chupar cámara y las mismas canciones. ¿He dicho canciones? Sí, eso es. De eso va la música y Pereza ahí no tiene contestación. Sus temas son redondos, rotundos y –aquí está la clave- melódicamente atrevidos y muy logrados. Entre los veintinueve, hay diez joyas y, más o menos, otras diez canciones que podrían quedarse fuera de la convocatoria en diferentes plazas. Llamaron, por cierto, la atención algunos guiños a los Beatles no demasiado acertados y ciertos finales de canciones con un tufo a orquesta de pueblo que hacen pensar que Pereza necesita parar y mirarse al espejo. El concierto abre caminos con canciones como Margot, una apuesta electrónica demasiado tímida. Caminos que parecen, por ahora, cerrados.











