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“Caviar entre pan y pan”, concierto de Pereza en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza
Concierto de Pereza en la Sala Mozart del Auditorio de Zaragoza. 10 de octubre de 2009. Fiestas del Pilar.
Diez canciones rotundas en un set list son garantía de éxito siempre. Otro asunto son las circunstancias. Ahí pinchó Pereza en el concierto de ayer y cayó con todo el equipo. Pereza no entendió la sala o no quiso entenderla. La joya de la corona del auditorio de Zaragoza, en la que aún resonaban los finísimos ecos del concurso de Canto Montserrat Caballé, se resquebrajaba ante el atronador ruido que planteó la banda. Nada de sutilezas, nada de escobillas en la caja, nada de acústico, ni de piano y voz, nada de nada. Ruido como si estuvieran tocando en el campo de fútbol de Vallecas. La sala Mozart no perdona eso y el sonido del concierto lo pagó. Caviar entre pan y pan. Todo para dentro, como la nocilla o el paté. El sonido de mesa que se escuchaba en los plasmas de los pasillos era más reconocible que el de dentro de la sala, que recordaba al sonido bola que se forma en los garitos de mala muerte que Pereza parece no haber olvidado y en los que, al acabar, tu primo con jersey de pico te dice “no se te entendía la voz”.
Por lo demás, el concierto fluyó fácil. Público entregado, aunque sentado hasta tres cuartos de actuación y mucho oficio en la ejecución. Dos apuntes musicales: un grupo de rock no puede cambiar al guitarra solista por un saxo. Todos sabemos que ni Leiva ni Rubén son guitarras solistas, aunque hagan sus pinitos en algunos momentos. Hagan un casting. Y dos; tener un percusionista doblando los golpes de caja en el noventa por ciento del concierto en una sala como esta es pecado grave contra el primer mandamiento musical del buen gusto y la dinámica.
Pereza tiene que reinventarse o morir. Los Beatles están bien para un par de guiños en cualquier concierto, pero habría que mirar con más profundidad la actitud del grupo de Liverpool y pegarse un buen repaso al planteamiento vital. O hacer rosquillas, que salen buenas y calentitas, o buscar nuevos caminos de expresión tanto en letra como en sonido. El tema del rockero que sale en el AS, el sexo calentorro y el romance de perdedor piden nuevos enfoques y más oxígeno, mientras que la música exige nuevos ritmos y mayor exigencia, ya que, por ejemplo, el coqueteo con la máquina en Pereza viene siendo un quiero y no puedo desde aquellos viejos tiempos de “Música ligera”. Porque sí, porque nos da por ahí.
María Duplá Arenaz.
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