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Eli “Paperboy” Reed and the True Loves

Texto y fotos: Pedro Martín

No pude evitar recordar la frase De Marty McFly en Regreso al Futuro I, en el momento en que se sube al escenario del baile de fin de curso de sus padres, a punto de interpretar “Johnny B. Goode”: “Supongo que no estáis preparados para esto; pero les encantará a vuestros hijos”. Anoche la multitud que esperaba pacientemente en la fila de la Casa del Loco se dirigía a hacer el viaje en el tiempo, pero esta vez en dirección contraria, y a 110, para ahorrar plutonio del condesador de fluzo, y cumplir la legislación vigente.

Sin duda una de las virtudes de esta sala es el ambiente que en ella se crea, donde los artistas consiguen franquear esa barrera invisible que hay entre escenario y público. Y además Eli “Paperboy” Reed también consiguió romper otra barrera, la del idioma, y pronto consiguió la complicidad y la conexión de los congregados.

Lo que hace este hombre y sus muchachos dicen que es soul. Malditas etiquetas. Lo que pudimos ver era soul, pero también rock and roll, incluso el country y pinceladas de gospel asomaron en la noche de ayer, todo ello rodeado de una energía abrumadora. Tampoco comprendo por qué sigue sorprendiéndonos ver a un blanco “hacer música de negros”: después de todo, ¿no fue eso lo que hizo Elvis allá en los 50? Romper los clichés, las fronteras del color, y hacer simplemente música, música que llega bien adentro.

Con un generoso retraso con respecto a la hora anunciada, Eli y sus True Loves abordaron las tablas, sin prisa, pero sin pausa. El primer temor fue la no aparición de los metales, pieza clave del disco “Come and get it”, junto a las voces coristas femeninas. Ahora bien, los temores se disiparon rápidamente, el hammond suplía cualquier carencia y un sonido arrollador consiguió meternos en faena. El ritmo del concierto fue en una escalada, si bien es cierto que en parte fue debido a que los temas más tranquilos, más baladeros, quedaron relegados en el setlist a un par de apariciones, elegantemente escogidas para que aquello fuera un no parar.

La puesta en escena, impecable. El micrófono de Eli, robado de algún museo o del almacén de la KWMF o alguna de esas emisoras americanas con nombres en siglas impronunciables. Hace 60 años la centralita telefónica de cualquiera de ellas se habría colapsado de llamadas pidiendo que repitieran una y otra vez sus temas, pero ahora vivimos en los tiempos de Spotify…

Y por fin, cuando Eli se quitó la gafas de sol que llevó durante la primera mitad del concierto, algo cambió. Sobre el escenario, el niño bueno atado por los canones del género, dió rienda suelta a los temas de ritmos más frenéticos, y su actitud escénica subió enteros de forma exponencial, hasta el final apoteósico.

El artista, al finalizar, permitió que cualquiera se acercara a él a echarse una foto y a que le firmara sus discos, en tanto que su tupé desafiaba las leyes de la gravedad y del sudor por el calor que se respiraba.  Mientras tanto, el Delorean nos esperaba en la puerta, ya listo para llevarnos de vuelta al hogar…

Decalles nos presenta Canencia en La Casa del Loco de Zaragoza

Texto y fotos: Pedro Martín

Sorpresas te da la vida. Y en esta ocasión la sorpresa fue bien agradable. Ver como una generosa fila de seguidores de Decalles se agolpan en la puerta de una de las salas más emblemáticas de la ciudad, la Casa del Loco, no tiene precio, pero sí aprecio. El aprecio de ver como en estos malos tiempos para la lírica, para la música en general, una banda local consigue atraer a un público fiel, y generoso en cantidad y pasión por el grupo.

Decalles es la culminación de esa etiqueta tan variada que se llama “rock ibérico”, una amplia denominación que ha ido creando su entidad desde los 80, con grupos como Los Rodríguez, o los zaragozanos Más Birras, para seguir viajando en el tiempo y llegar a M-Clan o Pereza (intentando abstraernos del fenómeno fan adolescente que los rodea).

Esta banda zaragozana hace gala de su insultante juventud, de su talento increscente, y de una actitud sobre el escenario envidiable. Y lo mejor de todo es la respuesta positiva que todas esas virtudes encuentran en el público que los contempla, que se mueve bajo el influjo de sus guitarras y bases rítmicas, y que corea sus temas de principio a fin, quedándose enganchado a sus estribillos.

Tras un primer EP autoproducido, La noche que matamos al barman, que recogía sus primeros himnos, la noche del sábado sirvió para la presentación de su nuevo trabajo, otro EP titulado Canencia, editado en el sello madrileño La Pera Records, apadrinado por el Gran Wyoming. Los temas de ambos trabajos se fueron engarzando uno tras otro en un setlist sabiamente planteado y que supo mantener un ritmo constante y la implicación de los asistentes: empezaron fuerte con el hit que da título a su primer trabajo, La Noche que matamos al barman, la frenética y tequilera Chica Rock And Roll, Mi sitio y Tiempo Perfecto del cd Canencia, Agárrame fuerte y La rosa equivocada, Muy lejos del mar, un tema recién salido del horno en ebullición que es la cabeza del frontman Javi Martelli y que está escrito en clave maña, con el cierzo y esas cosicas haciendo acto de presencia, el baile de ilusiones con que nos hizo vibrar ya en su día Ariel Rot, el temazo del nuevo disco llamado Chicas de Cuero  (para mi humilde opinión necesario hacer un programa doble con Las Chicas del roxy del eterno Loquillo), el momento de amor bucólico pastoril de Coge mi mano y la pegadiza Gravedad. En el bis nos encontramos con Hasta nunca soledad, Menos mal y el tema que cierra el nuevo disco, y a partir de ahora sus conciertos, La Última Canción, con su momento telepredicador yanqui incorporado.

Divertidos en el escenario, cómplices con sus sonrisas Willy García, bajista, y Diego Martelli, el hombre en los teclados, hacen el combo perfecto con las guitarras de Paul den Holder y los baquetazos potentes de José Pérez. Y cuando la memoria falla, siempre hay algún amigo entre el público capaz de subirse al escenario y retomar la canción, presentar a Javi Martelli o hacer la colada si se tercia.

Queremos más de Decalles, larga vida a Decalles!

Tachenko: se ríen porque son jóvenes

La convocatoria de El Club de Fans arrastró anoche, a la Sala Oasis, a todos los poperos y demás gente de mal vivir de esta nuestra pequeña gran ciudad.  Así que, ni corto ni perezoso, me coloqué sobre la nariz mis gafas de pasta para hacer acto de presencia en temendo sarao.

La primera ración de modernidad vino a cargo de los oscenses Kiev cuando Nieva. Su carta de presentación son dos trabajos de factura impecable y, en especial, el que traían a su puesta de largo en un escenario tan legendario, titulado “Todos Los Ademanes”. Canciones sin grandes artificios que se construyen a partir de guitarras y synthes, sonaron entre las cuatro paredes de la sala mientras combatían contra los murmullos de un público algo inquieto y en guardia para la salida de los Tachenko.

No se hicieron de rogar en exceso estos muchachos y pronto comenzaron una por una a desgranar las canciones que componen su último disco “Os reís porque sois jóvenes” el que, según los entendidos en la materia, les va a lanzar a la primera división del pop español. Como para un servidor ya formaban parte de ella, lo que digan los listillos me la refanfinfla. A pesar de todo, sí que es cierto que con este “Os reís porque sois jóvenes”, Tachenko firma uno de sus mejores trabajos y engarza un temazo tras otro, en una unidad bastante sólida. Por eso mismo, anoche, se permitieron el lujo de tocar los diez temas que lo conforman, porque hasta ellos confesaron lo mucho que les gusta su última fechoría. Abrieron la velada siguiendo el estricto orden de temas que nos encontramos en la contraportada, con la grande “Compañeros del metal”, “el Respland’or” y ese soberbio hit que se llama “Escapatoria”. Después, volvieron la vista a sus anteriores trabajos con temas como “El Coche Real”, “Hacia el huracán”, “Protestas pacíficas” y “Mordekay” para dirigirnos a la segunda mitad, más intensa, del concierto. “El peligro” dio paso a “La resistencia” que se ha ganado a pulso ser una de las joyas que encierra el disco, “Vámonos” y la también contundente “Tírame a un volcán”, engranada a la perfección con “Sombras, Tormentas”. Robándole a Baudelaire el título, nos fuimos a los bises escuchando “Las flores del mal”, que contiene uno de los momentos de guitarra más potentes de este álbum y que en directo sonó triunfal. 

Con todo el disco ya presentado, los bises vinieron cargados de cosa fina de anteriores trabajos desde “Afganistán” a la preciosa “El tiempo de los Urales”, cerrando a tope con “Rayos y centellas”. Están en forma estos tipos… La próxima parada es Madrid. Así que, si tienes ocasión de ir, no lo dudes. Y si no queda satisfecho… No le devolvemos nada, porque seguro que no se queda insatisfecho. 

Nos quedamos un ratito meneando nuestros flequillos al son de la pinchada de Guille Milkyway, el cerebro en la sombra de La Casa Azul. Y la noche siguió siendo joven en el Jarvis, pero eso ya es otra historia…

Crónica de una noche con Decalles, Wyoming y Los Insolventes

TEXTO Y FOTOS: Pedro Martín

El programa prometía ser intenso y agitado, así que los chicos de Decalles no se hicieron esperar en exceso anoche en la Casa del Loco. Tenían un reto importante por delante, pero no se amilanan con nada, y enseguida consiguieron animar al público madurito que llenaba la sala y hacerles olvidar la comodidad de sus taburetes. Lo de Decalles es uno de los ejemplos más claros de lo que yo denomino los currelas del rock: poco a poco, paso a paso pero siempre firmes y trabajando han sabido ganarse su sitio en el panorama musical aragonés, y por suerte o por desgracia, nuestra Zaragoza se les está quedando chiquitita. El concierto de anoche era una recompensa más a ese trabajo, después de haber tocado nada más y nada menos que en el Paseo de la Independencia las pasadas Fiestas del Pilar teloneando a La Quinta Estación.

Ayer desgranaron los temas que componen su primer EP, La noche que matamos al barman, dónde destacan esa gran canción que es Coge mi mano, y algunos nuevos como la tremenda Gravedad, una de esas canciones que engancha y te descubres a tí mismo tarareando en el momento menos pensado. Y de regalo una versión de Los Ronaldos, Sí, sí, una clara referencia en su música, donde también descubrimos a
grupos como Los Rodríguez o los más actuales Pereza, pero con un toque muy personal, muy de aquí, muy…Más Birras.

Antes de salir acompañados por el Gran Wyoming, la banda que le acompaña en esta gira, Los Insolventes, que son una travestización de la banda madrileña Última Experiencia, se hicieron un par de temas propios, entre ellos Madrid, guitarrero con un sabor fronterizo del carajo. Estos chavales suenan requetebién, y apetece que vengan por estas tierras pronto, para escucharlos con más detenimiento.
Y llego el gurú de la noche, Wyoming, para no dejar títere con cabeza. Gibson en mano, comenzamos una noche cargada de mucha buena música dando una vuelta por el lado salvaje de Lou Reed, y con el Gran Wyoming recordando el fresquito pasado el día anterior en tierras sorianas. La primera parte del concierto fue una auténtica lección de clásicos populares, incluso con alguna lección de culturilla musical, al introducir temas como These boots are made for walking, de Nancy Sinatra, o una versión de Chuck Berry, donde los cardados de la primera se fueron calientes, y se reivindicó a Chuck como una de los verdaderos pioneros del Rock and Roll. Hubo también un huequecito para los primeros mods patrios, Los Salvajes, con su Soy así, para los papás del susodicho movimiento, los Who, y para versiones de temas más modernos como el All Stars de Smashmouth. El bloque de cosecha hispana vino de la mano de Maneras de vivir de Leño, Agradecido de Rosendo en solitario, Bailaré sobre tu tumba de los Siniestro Total…Vamos, que no se escapó nada, todo con mucho fundamento. Uno de los momentos más divertidos de la noche vino con la versión de Brimful of Asha, de los británicos Cornershop (aunque muchos la conocerán por el remix de Fatboy Slim, y para aclararnos diremos que es la canción esa del forty-five), cuando Wyoming se marcó un “rapeao” improvisado con acentillo andaluz poligonero, donde se cisco en tantas cosas que es difícil recordarlas todas, pero que se resumía en una reivindicación del espacio para el rock, para pasarlo bien, para que se mime la música. Amén.

Otro de los momentazos de la noche fue cuando invitaron a Javi Martelli, de Decalles a acompañarlos en una potente puesta en escena de Are you gonna be my girl, de Jet. Aquello puso la sala al rojo vivo, y el señor Martelli se dejó la piel (literalmente), pandereta en mano, entre el tremendo subidón de electricidad que nos dejó a todos tiritando.
Javi volvió a acompañarlos en la recta final, un bis no-bis, porque el tiempo apremiaba, para marcarse el Like a rolling stone de Dylan, que visto el repertorio que le precedía se hacía un indispensable (permítanme el inciso para recomendarles la versión en castellano que hicieron los aragoneses Proscritos, Como una bala perdida, sencillamente deliciosa), y la velada terminó con Video killed the radio star, y todo el mundo dando botes, como manda la tradición. Nos quedamos con gustito a poco, pero que se le va a hacer, será que somos unos ansiosos.
Así que por fin se resolvió el misterio sobre qué hacía Wyoming los viernes dejando a Juanrra a cargo del Intermedio: pasárselo teta piruleta haciendo la música que le gusta, chapó!

Fito y Fitipaldis llenan hasta la bandera el Príncipe Felipe de Zaragoza

Fotos: Fotografiadeconciertos.com

Texto: Pedro Martín

Gracias, Doctor Fito.

Con puntualidad de Lavapiés, Lichis y sus secuaces, La Cabra Mecánica, asaltaron el escenario del Pabellón Príncipe Felipe, dejando caer sus canciones sin muchos remilgos, que es lo que tiene ser telonero, poco ratito y mucho que contar. Una pena, la verdad, porque Lichis gana mucho en las distancias cortas, y un escenario tan grande, sin poder interactuar con el público, es un auténtico reto. Una selección de temas muy acertada, un greatest hits cabrío en el que hubo sitio para los temas nuevos de Carne de Canción, su último trabajo recopilatorio, y para clásicos populares como  La lista de la compra o la Fábula del Hombre Lobo y la Mujer Pantera, del que se cayeron algunas joyas como esa romántica historia de desamor titulada Que te Follen. La Cabra Mecánica se nos despidió  con cuernos en alto, como el general Custer con las botas puestas, en espera de lo que nos deparará el futuro con ese nuevo proyecto llamado Miguelito…

Y por fín, con el pabellón lleno hasta la bandera, hizo aparición ese pequeño gran hombre, Fito, y sus Fitipaldis. Para mi sorpresa, estos tipos llevan un montaje audiovisual cargadito de esas pantallas de bombillitas tan de moda, watios de luz a porrillo y animaciones powerpop para acompañar las canciones. Vaya, que no tienen nada que envidiar a Amaral, todo sea dicho. Empieza el concierto con unos dibujillos animados con la banda como personajes, y Fito intentando llegar a tiempo al concierto, engranando con su aparición sobre el escenario, para comenzar con Antes de que cuente diez, el tema que da nombre a toda la gira. Un primer bloque para calentar al personal que engancha con Un Buen Castigo, Por la boca vive el pez, Viene y va, y unas cuantas más que enseguida dejan prever lo que nos vamos a encontrar a lo largo de todo el concierto. Servidor empieza a tener una teoría, según la cual Fito compondría sus letras juntando versos de las galletitas de la suerte de los restaurantes chinos. Eso explicaría porque cada dos versos las canciones dicen cosas distintas, o directamente absurdas, pero que riman de la leche y hacen que los chavales piensen que aquello es poco menos que Quevedo calvo y con patillas. Al menos, en este país de Físicas y Químicas y Cristianos Ronaldos, Fito es lo más parecido a rock and roll que van a escuchar, lo cual es una labor social que debemos agradecerle.

Las canciones más lentitas, esas que hicieron levantar mecheros, abrazar a la pareja y darle besitos, tardaron en aparecer, pero lo hicieron con precisión alemana. El listado de temas está muy bien elegido y ordenado, y el ritmo del concierto, a pesar de tener sus altibajos, se mantiene en un constante en el que las canciones más movidas se equilibran con las más pastelosas, las soberbias intervenciones guitarreras de Carlos Raya con las de Fito, y todo aderezado con el saxo que decora muchos de los cortes del último trabajo…

Enganchando una instrumental del último disco, rollito country con sabor a bourbon enlazaron con el Quiero beber hasta perder el control de Los Secretos, para después invitar al escenario a Lichis, con el que bordaron una bonita puesta en escena de Barra Americana, dando paso, valga la redundancia, a la parte más americana del concierto. Arranque blues para Que me arrastre el viento, seguido de Whisky barato, dando paso a Deltoya, con el patio entregado a cantar y cantar. En este punto del concierto, en un pequeño reposo, uno se da cuenta del problema de tabaquismo que tiene este hombre, y te preguntas donde puede albergar tanta nicotina.  El subidón del público continuó con Tarde o temprano y La casa por el tejado, llegando a la catarsis colectiva y moñas de Soldadito marinero, con todo el personal abrazándose cual himno fitipaldero. El tramo final se completó con temas como Abrazado a la tristeza, con Fito y Raya sentados en acústico, y Corazón oxidado con un final digno de Sabina, para dirigirnos al final cerrando la velada con el mítico y poliradiado en todas las emisoras Acabo de Llegar.

De pequeño tenía miedo a los payasos…hasta que hace pocos años logré sobreponerme, ir a un circo, y ver que no era para tanto. Con Fito y Fitipaldis me pasaba algo parecido. Tanta inundación en las radios y en los bares habían provocado en mí un repelús casi patológico. Ayer fue mi terapia de shock, y creo que más o menos salí rehabilitado anoche…Gracias, doctor Fito.

Puedes ver todas las fotos del concierto en: Fotografíadeconciertos.com

Que 15 años no son nada!

FOTOS: PEDRO POPKER

El Páramo, ese bar que, no sé por qué, cada vez que entro me recuerda al garito de “Abierto hasta el Amanecer” sonando el After Dark de Tito & Tarantula, cumple 15 años. Hace 15 añazos, ahí es nada, en mitad de los 90, cuando las Spice Girls y los Backstreet Boys aparecían desbordando las radiofórmulas, unos chalados apuestan por el rock and roll con denominación de origen. No había mejor manera para agradecérselo, que acompañarles en tan merecida celebración. Y como el Páramo es mítico, pero no enorme, la fiesta se vino a las tablas de la Sala Oasis.

Un cartel de rechupete, y un desfile de músicos de quitarse el sombrero, en una velada conducida por Paco Fraguas y Jorge Asín, “oregoneses” de pro, y que comenzó de modo muy exótico, con los sonidos iraníes de Baaran rompiendo el hielo. A continuación, Etayo Band una banda formada para tan insigne ocasión, con una sorprendente y sensual voz femenina y una performance con una bailarina contorsionista (vaya, porque yo ni loco me puedo doblar así) tras la sombra en una tela blanca…¡lo que se dice un regalo para los sentidos!. Llegó el turno de Gonzalo Alonso, ex-Días de Vino y Rosas, con ese temazo que se llama Vuelo 76480, que da un gustito poder escuchar en directo de vez en cuando…el que tuvo retuvo, y Gonzalo Alonso es grande, o yo poco objetivo. Nerea Nekan fue la siguiente sorpresa de la noche, de nuevo una voz femenina, pero esta vez más rockera, muy personal, y con una gran presencia sobre el escenario.

Los Enfermos Mentales salieron para dejar el escenario de Oasis tiritando. 20 años y no han perdido ni una pizca de actitud y gamberrismo. Hay regresos que se agraceden y mucho, y este es uno de ellos, con el añadido de que éste ha venido con trabajo discográfico bajo el brazo, el primero y único, ya que en la época no pasaron por el estudio de grabación.

Silvia Sola no se prodiga en exceso por los escenarios, así que cualquier oportunidad que se tenga para verla es digna de ser aprovechada. Se mueve como nadie tras su guitarra y una voz llena de matices, de esas que trasmiten aun a pesar del inglés, con una banda de auténtico lujo.

El Factor Humano es otro de esos bombones de la noche, merecidísimos finalistas de la edición del Muévete del año pasado, que hacen una música seductora a más no poder, que sabe sacudirte y hacerte bailar. Consejo: una noche en New Orleans es de esos temas que paladeas hasta el final, así que no se lo pierdan.

Los Tachenko, como siempre, tremendos! Después de haber oído hace un par de meses los temas nuevos en la Lata de Bombillas, te quedas con ganas de más, pero estos tipos nunca defraudan, y una noche de amigos como la de ayer no iba a ser excepción. Calentaron la recta final del concierto, con el público entregado, para dar paso a la banda “anfitriona”, El Hombre Lento que puso en pie de guerra a los presentes con sus canciones rockeras y certeras. El trabajo de esta gente es una de las joyas entre los lanzamientos aragoneses del año pasado, así que si no lo tienen me permito otro consejo: ir al Páramo y hacerse con un ejemplar. Y si luego consiguen quitarse de la cabeza esos himnos que son Pablo Picasso y Europa, ya me darán la fórmula, porque yo aún no lo he conseguido.

La gira gigante de Coque Malla

FOTOS: PEDRO POPKER

Coque ha bautizado a su gira como gigante, pero cuando empiezan a sonar los primeros acordes de Hasta el final, el tema inaugural de la noche y del nuevo trabajo titulado La hora de los gigantes, desde el público te das cuenta de que la palabra gigante se queda corta. Inmensa quizá le haría más justicia. Inmenso también es Nico Nieto, el guitarrista que le acompaña a los largo de esta gira de conciertos. Y no sólo por su altura, imponente, por cierto, sino por su maestría a las cuerdas. Solos los dos sobre el escenario, sin artificios ni grandes alardes, lo que lejos de ser una propuesta sencilla, es una práctica de alto riesgo para un artista: un escenario puede convertirse en esos momentos en una trampa que te engulla sin piedad, y para poder ganarse a la gente que está observando desde allí abajo son necesarias altas dosis de talento, pero también de carisma. Afortunadamente Coque Malla anda sobrado de ambas, y el sábado lo demostró con creces. Cuando barre la sala con la mirada resulta casi hipnótico, y es inevitable caer rendido al encanto que destila tras su guitarra acústica, y una voz que ha mejorado notablemente a lo largo de su carrera. El ruido al golpear de los tacones de las botas eran la percusión perfecta para acompañar a las canciones que nos ofreció en una velada de lujo.

Poco a poco, en la primera parte del concierto, se fueron asomando por riguroso orden los cortes que componen este último disco, donde She’s my baby hace que el ambiente se anime, aparece El sombrero de aquel disco llamado Sueños, para llegar a un tema delicado y personal como es Berlín, canción que recuerda a los momentos más inspirados de otro grande como es Iván Ferreiro.

Antes de que hicieran aparición las canciones de los Ronaldos, Coque jugó con el público con un tema nuevo llamado Despierto, pidiendo que todos los presentes sustituyeran los metales de la canción con nuestras gargantas, consiguiendo uno de los momentos más bonitos con diferencia del concierto, uno de esos que te dejan un dulce sabor de boca.

Continuó con Saca la lengua para bailar, Hace tiempo, que posiblemente sea mi canción predilecta de La hora de los gigantes, ¿Qué será de nosotros? de ese primer Soy un astronauta más (definido por él mismo como un disco pornográfico, por todo lo que enseña del propio Coque), El final, y Cuídate, para irnos a un bis intenso donde los haya. Mi casa, un tema “raro” de los Ronaldos, según sus propias palabras, Mentiras, La hora de los gigantes, y los versos directos que te dicen que no pidas permiso pusieron el broche a una hermosa noche, que esperemos se repita pronto en nuestra ciudad, tal y como prometió sobre las tablas de la Casa del Loco.

Haber escrito estas líneas sin referirse a Coque Malla “ex-vocalista de los Ronaldos” no es casual: es la prueba de que hay vida para un artista después del éxito de su banda, y que además esa vida nos regala grandes discos que se ganan con honores un hueco en la estantería de cualquier amante de la música que se precie.

El Hotel Lichis cierra sus puertas, pero lo hace a lo grande, quemando muebles y todo lo que pilla por delante, a falta de fuegos artificiales.

FOTOS: PEDRO POPKER

Cuando un concierto empieza con un tema de aquellos que han hecho famoso al autor, uno puede predecir que lo que le espera en la hora y algo que sigue va a ser cosa fina. Y La Cabra abrió el menú de la noche con Felicidad, dando el pistoletazo de salida a un banquete de veintitantos platos, ricos, ricos y con fundamento. Tremendo Sha-la-la fue creando ambiente para ir llegando a clásicos como La Novia del Marinero y la deliciosa Mi Única Riqueza.

Los nuevos temas del album Carne de Canción, que sonaron en la primera mitad del concierto,  conviven dentro del listado de éxitos con absoluta naturalidad y Valientes, el nuevo single, es de esas canciones que escucharías tantas veces seguidas que el cd te saldría fundido del reproductor.

La Lista de la Compra, ese tema imprescindible en cualquier disco-movil, no defraudó: la sala se puso de fiesta y abrió paso al tramo más potente de la velada, donde una a una fueron cayendo Calcamonía, mi preferida Que te follen, un mini-medley cañí y cañero con la Fábula del Hombre Lobo y la Mujer Pantera y Reina de la Mantequilla, cerrando con Arroz con Ajo y ese retrato costumbrista postmoderno y cabroncete que es Ay Poetas!

El primer bis reventó con la potente 13/14 (de un día de mierda), el Antihéroe que va metido hasta las cejas y que comparte proveedor con Dylan en ese Sobre Cañones y Moscas que es un pequeño himno para los que seguimos a la Cabra a lo largo de estos 15 años de carrera. Los versos certeros como balazos de Todo a Cien nos dirigieron a la despedida, con Lichis guitarra en mano en la Canción de las Plantas que tanto nos costó memorizar hace ya unos años en el directo de Ni Jaulas ni Peceras.

Y volvió Bob, en un final sorprendente y todos cantamos llamando a las puertas del cielo.
Salimos con buen sabor de boca y una sonrisa en los labios, a bebernos hasta el agua de los jarrones, que es lo que se merece una noche de fiesta. Hermanos (y hermanas), levantemos los cuernos en alto y gritemos, ¡Larga vida a La Cabra Mecánica!

Puedes ver más fotos del concierto en Fotografíadeconciertos.com

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