Descubre las diferencias entre el sérum y la crema

A veces tenemos la sensación de que la lista de productos básicos para el cuidado de nuestra piel no hace más que aumentar.

Entre estos, destacan los sérums y las cremas hidratantes, considerados hoy en día imprescindibles, ya que son la piedra angular del cuidado diario de nuestro rostro.

1

¿Son necesarios ambos productos? ¿Puede uno suplir al otro? ¿Cuál se aplica antes y por qué?

Vamos a analizar las características de cada uno, para comprender mejor qué los diferencia, y cómo y por qué se complementan.

Encontrarás información más detallada sobre los sérums en los siguientes artículos:

La piel

4

Para entender bien cómo trabajan tanto los sérums como las cremas, y qué pueden y no pueden hacer por, es importante conocer la estructura de la piel y sus funciones básicas.

La piel, al ser un tejido vivo y en contacto constante con el exterior, está sometida a continuos cambios, tanto endógenos como exógenos.

Es nuestro mayor órgano sensorial, aísla nuestro organismo del medio, lo protege de posibles agresiones, y es esencial a la hora de mantener sus estructuras, funcionamiento y temperatura.

A través de ella eliminamos sustancias de desecho y absorbemos otras.

Tiene un papel primordial en la síntesis de la vitamina D, para la que es necesaria la radiación solar ultravioleta.

Está constituida por varias capas:

La epidermis

Es el estrato más superficial, formado, en su mayor parte, por células denominadas queratinocitos.

Estos se originan en la capa basal (la capa más profunda de la epidermis) y van migrando hacia la superficie, donde, tras morir, convirtiéndose en corneocitos, se desprenden de forma natural, en un ciclo de renovación constante, que dura unas cuatro semanas y que, con la edad, se ralentiza.

Estas células muertas constituyen el estrato córneo, una capa impermeable que es la primera barrera de defensa cutánea, rica en lípidos intercelulares, que le dan cohesión, y queratina.

Estos lípidos intercelulares, conocidos también como lípidos cementantes, juegan un papel vital en la hidratación de la piel, ya que evitan que esta pierda humedad, actuando como sustancias selladoras.

Los más abundantes son las ceramidas (entre el 50 y el 60%), el colesterol y los ácidos grasos poliinsaturados (los famosos omega 3, 6 y 9), que el cuerpo no produce y debe obtener de los alimentos.

La mezcla de agua y lípidos en la epidermis se denomina película hidrolipídica: se nutre de las secreciones de las glándulas sudoríparas y sebáceas, mantiene la piel flexible y la protege de microorganismos.

La parte líquida de esta película, está compuesta por ácidos y aminoácidos que mantienen el pH, ligeramente ácido, necesario (entre 5.4 y 5.9).

En ella habitan y proliferan los microorganismos afines a la piel (la microbiota cutánea), que la defienden de los patógenos; las enzimas necesarias para mantener la renovación celular y, cuando está equilibrada, ayuda a la autorreparación de la capa córnea.

En la epidermis están también los melanocitos, que son las células encargadas de regular la pigmentación y de proporcionar protección frente a la radiación solar.

La dermis

6

Más gruesa que la epidermis, está compuesta en su mayor parte por colágeno y, en menor medida, por elastina, sustancias que proporcionan elasticidad y firmeza.

Ambos elementos están impregnados por otro, de consistencia gelatinosa, que contiene ácido hialurónico y posee una gran capacidad para fijar agua a las células y mantener el volumen de la piel.

En esta capa se encuentran:

También en la dermis están los folículos pilosos, las terminaciones nerviosas y los vasos sanguíneos.

Hipodermis o tejido subcutáneo

Compuesto principalmente por células adiposas, septos tisulares (fibras especiales de colágeno) y vasos sanguíneos que irrigan y nutren la dermis.

Acumula grasa que proporciona energía al cuerpo, protege los tejidos y órganos internos y juega un papel determinante en la regulación de la temperatura corporal.

Ahora vamos a poder explicarte mejor para qué sirve cada producto, qué puedes esperar de ellos y cuándo te están vendiendo imposibles, humo.

Las cremas hidratantes

2

Son las reinas del cuidado cosmético, las irreemplazables. Incluso quienes no dedican demasiada atención a su cuidado facial cotidiano, las utilizan como único tratamiento.

Veamos cuál es su verdadera función, qué podemos esperar de ellas y qué no, y qué debemos buscar en una hidratante si queremos resultados realmente significativos.

Empezamos cuestionando su nombre, ya que ninguna crema tiene la capacidad de aportar agua a la piel, como ha quedado demostrado en numerosos estudios.

Hidratante significa que tiene la capacidad de hidratar, de proporcionar humedad.

La clave está en el verbo “proporcionar”: las cremas hidratantes no pueden proporcionar humedad a la piel. En realidad, ningún producto puede, porque la piel es impermeable. ¡Por suerte!

Los lípidos que cementan y rellenan la capa córnea son hidrófobos, es decir, resistentes al agua, y son los que impermeabilizan la epidermis, condición indispensable para poder mantener, no solo su salud y equilibrio, sino los de todo el cuerpo.

Basta con pararse un momento a pensarlo: si la piel fuera permeable al agua, lo sería, también, a miles de sustancias y microorganismos patógenos.

El cuerpo, y cualquiera de sus órganos, solo pueden hidratarse de forma interna.

El agua llega a la dermis a través de la sangre, pasa a la zona extracelular de esta y de la epidermis y allí, parte se pierde por evaporación, en un ciclo continuo.

Por lo tanto, lo primero que no puedes pretender de tu hidratante es que te hidrate. ¡Toda una paradoja!

Eso no hace que las “llamadas cremas hidratantes” sean una estafa o no sirvan para nada. En absoluto. Solo significa que el marketing se ha pasado de listo al ponerles el nombre, provocando confusión.

La principal función de las cremas hidratantes es mantener el nivel de humedad y grasa de la piel, evitando que esta se seque por la pérdida de estos dos componentes.

Porque una hidratante sí que puede (y debe):

Así, la piel mejor cuidada es aquella que, por su equilibrio entre lípidos y proteínas (como la filagrina), es capaz de obtener la cantidad necesaria de agua del cuerpo y mantenerla en los niveles adecuados, y tu crema es el mejor aliado para conseguirlo.

Las cremas hidratantes son productos cuyo objetivo es mantener y mejorar la función de barrera de la piel, ayudando a esta mediante el aporte exógeno de diferentes ingredientes, como:

A la hora de elegir, hay que tener en cuenta el tipo de piel, la edad, las condiciones ambientales y climáticas… incluso, el tipo de vida que se haga y la alimentación.

Y evitar caer en la trampa del márketing: las hidratantes no pueden hacer milagros, entre otras cosas, porque actúan en los niveles más superficiales.

Hay multitud de ingredientes publicitados como novedosos, exclusivos, revolucionarios, que no sirven más que para encarecer el producto, porque la piel no puede absorberlos.

Busca cremas con componentes que hayan demostrado su eficacia a la hora de mantener la piel sana como la de Nezeni Cosmetics, sin olvidar que, aunque ninguna hidratante puede devolver la juventud a tu piel, una piel cuidada y protegida, se mantiene mejor durante más tiempo.

Los cutis secos y los sensibles, notan y agradecen la hidratación adecuada, aplicada a diario, pero las pieles de todo tipo la necesitan para protegerse del exterior y mantener en buen estado sus delicadas estructuras.

Los sérums

1

Aparecieron en los 80, y se utilizaban de forma esporádica, para obtener resultados puntuales, o como tratamientos específicos durante cortos períodos de tiempo.

Resultaron tan eficaces, que rápidamente se fueron haciendo hueco en la rutina de belleza cotidiana, con fórmulas mejoradas.

Hoy en día, ofrecen un abanico inacabable de posibilidades, y no dejan de surgir nuevos productos, que prometen ser el elixir de la eterna juventud y la cura milagrosa para todos los males que puedan aquejar nuestros rostros.

Si las cremas hidratantes, en un sentido estricto, no hidratan, los sérums no rejuvenecen la piel ni pueden solucionar, mágicamente, todos sus problemas.

Y, sin embargo, la piel mejora mucho, a veces espectacularmente, cuando empiezas a usar el sérum.

Los sérums son productos cosméticos de textura ligera y no grasa, con una alta concentración de principios activos, hechos de moléculas muy pequeñas, lo que les permite penetrar y llegar hasta la dermis.

Gracias a su capacidad de penetración y su falta de componentes grasos, la piel absorbe el sérum muy rápidamente, y este no deja residuos en la epidermis.

Gracias a todas estas características, una pequeña cantidad de producto es suficiente para conseguir resultados.

El sérum es un tratamiento desde dentro, y sus efectos se aprecian en muy poco tiempo. Aunque no puede cambiarla ni rejuvenecerla.

Por su propia constitución, los sérums no son productos grasos, ya que las moléculas grasas son demasiado grandes para penetrar más allá de la capa córnea.

Pero esa misma constitución, son idóneos para transportar humectantes, lípidos, vitaminas, ácidos grasos y, en fin, casi cualquier sustancia que se pueda formular en moléculas pequeñas sin perder propiedades.

Su capacidad de penetración y su alto contenido en activos, hacen del sérum el producto ideal para tratar la piel en profundidad.

El sérum debe ayudar, mediante un aporte extra e intensivo de sustancias afines, a que la propia piel mantenga, y/o mejore, su capacidad de regeneración.

Es ideal para problemas específicos, como manchas, acné, exceso de sequedad o de grasa, falta de luminosidad, uniformidad, elasticidad

En este artículo te enseñamos a eliminar las manchas.

Diferencias entre sérum y crema

3

Conociendo por encima la estructura de la piel, y las características de ambos productos, es fácil enumerar los rasgos que los diferencian.

La textura

El sérum presenta una textura fluida y ligera, no grasa, mientras que las cremas tienen texturas más o menos untuosas.

La formulación

La cantidad de principios activos y su concentración es muy superior en el sérum.

La zona de trabajo

Mientras que la crema hidratante está diseñada para afectar a la capa más superficial de la piel, sellándola y colaborando así en la preservación de su humedad, nutrientes y defensas, el sérum penetra hasta la dermis, nutriéndola y ayudando a su curación y regeneración desde dentro.

La absorción

El sérum se absorbe rápidamente y no deja residuos (a no ser que se haya aplicado una cantidad excesiva), mientras que la crema crea una capa más o menos grasa, más o menos gruesa, sobre la piel.

El tiempo de actuación

Los efectos del sérum son casi inmediatos, siendo palpables, a veces, desde la primera aplicación. La crema actúa más despacio, tanto en cada aplicación como a lo largo del tiempo.

El propósito

Las cremas se aplican para proteger y mantener la piel; el sérum se utiliza para tratar problemas específicos, activando y mejorando sus propios procesos naturales.

La elección

A la hora de elegir una hidratante, hay que tener en cuenta el tipo de piel. Para decidir qué sérum es mejor, tendremos que considerar qué problema o problemas cutáneos concretos se quieren atajar.

La aplicación

En este punto, las diferencias son varias y todas importantes:

El precio

Los sérums son más caros que las cremas, aunque a la hora de la verdad no resulten tan caros, porque se usan en cantidades mínimas.

El elevado precio de los sérums se justifica por la concentración de activos, frente a las cremas, que los contienen en cantidades mucho menores.

¿Mejor el sérum o la crema?

5

Con frecuencia, es la pregunta que surge a continuación: ¿con cuál me quedo?

Lo cierto es que son productos complementarios, y que juntos constituyen un perfecto equipo de cuidado y tratamiento de la piel.

Siguiendo la norma de usar los cosméticos por orden de menos a más densos, y como ya hemos indicado, siempre se aplicará el sérum antes que la crema, sobre la piel muy limpia, para que pueda penetrar sin obstáculos.

Hay que dejar secar el sérum completamente antes de pasar a la hidratante.

Por supuesto, puedes prescindir del sérum y seguir solo con la hidratante, pero no olvides que el sérum es un tratamiento profundo y su incorporación a las rutinas diarias marca un antes y un después para tu piel.

Es más, el sérum mejora la penetración y efectividad de la crema hidratante.

Si utilizas una hidratante de día y una nutritiva de noche, puedes incorporar el sérum antes de estas.

Si vas a utilizar sérum una vez al día, déjalo para la noche, cuando tienen lugar todos los procesos de regeneración cutánea.

Los cutis grasos pueden prescindir de hidratación por las noches, pero no durante el día, ya que la crema los defiende de los agentes externos.

Este tipo de pieles prefieren las hidratantes en forma de lociones y geles muy ligeros.

El sérum les resulta muy agradable, por su rápida absorción y su carencia de ingredientes grasos.

Es aconsejable cambiar la fórmula, tanto del sérum como de la crema, en función de las condiciones exteriores: por ejemplo, en invierno el rostro necesita una barrera más densa y duradera frente al frío, las calefacciones, etc.

Asimismo, cambiar la composición de ambos productos es conveniente para garantizar mejores resultados: la piel es un órgano vivo cuyas necesidades van modificándose con el paso del tiempo.

Por último, no olvides nunca utilizar, durante todo el año, protección solar.

Lo ideal es un protector solar, que aplicarás sobre la hidratante, una vez la piel la haya absorbido.

Tanto si usas hidratante con SPF, como si utilizas un protector solar, tienes que aplicar cantidad suficiente, y asegurarte de que lo haces por todas partes: cara, cuello, y escote, sin olvidar las orejas, y poniendo especial atención a la nariz y los párpados (hay estudios que demuestran que los protectores solares pierden efectividad porque no se aplican en cantidades suficientes, y se aplican poco y mal en estas zonas).

Comprueba que el producto que elijas no te irrite los ojos, o busca uno especial para párpados. También puedes encontrar contornos de ojos con SPF.