Serum: Qué es y para qué sirve

El sérum es, hoy en día, un básico en el cuidado de la piel.

Hay sérums para pieles de todo tipo y condición, para todas las edades, circunstancias y horas del día.

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Y, sin embargo, muchas personas aún no tienen claro qué es, para qué sirve, por qué usarlo, cómo y cuándo.

Vamos a intentar dar respuesta clara a todas estas cuestiones y a algunas más. ¿Te quedas con nosotros? 😉

¿Qué es el sérum?

Es un tipo de cosmético creado para tratar la piel de forma específica y en profundidad.

Se caracteriza por:

Así pues, es un vehículo perfecto, no graso y de rápida absorción, que facilita que sus principios activos penetren en las capas profundas, reparándola desde dentro.

Se puede decir que es un tratamiento para la tez.

Su composición varía en función de los objetivos perseguidos.

Si quieres conocer los mejores, aquí te dejamos más información: Mejores sérums faciales y antiedad.

En Diferencias entre sérum y crema te explicamos todo lo que tienes que saber al respecto.

¿Para qué sirve?

Como ya hemos apuntado, gracias a sus características únicas, sirve para tratar problemas específicos del cutis y devolver a esta su uniformidad, luminosidad, frescura y salud.

Los sueros no se eligen por el tipo de piel -normal, grasa, seca o mixta-, sino por la alteración cutánea a corregir.

Son especialmente gratos para las cutis grasos, por su base acuosa y fluida, aunque están indicados para todo tipo de pieles y aportan beneficios y ventajas a todas ellas.

Beneficios

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Gracias a sus características, es perfecto para:

Cómo usarlo

Antes de aplicarlo debes tener la piel limpia, sin restos de maquillaje ni de ningún otro cosmético o tratamiento.

Hay sérums que debes aplicar sobre la tez bien seca, y otros, mejor, sobre la piel húmeda, para ayudar a la penetración de los principios activos. Consulta las instrucciones o pregunta a un profesional.

Al ser un producto sin base oleosa y de gran poder de penetración, debes usarlo antes de la crema hidratante. Así, ambos se potenciarán, trabajando juntos en el cuidado de tu cutis.

El sérum se abre paso hasta la dermis para llevar hasta allí sus principios activos, pero, además, ayuda a que los de la hidratante también penetren más y sean, por lo tanto, más efectivos.

Por su parte, la hidratante, con sus moléculas de mayor tamaño, sella la tez, impidiendo que pierda humedad y grasa, y evitando que los factores externos la dañen.

Recuerda que es un producto concentrado, y que con una pequeñísima dosis es suficiente. Usar más cantidad de la recomendada en cada aplicación no es solo tirar el dinero absurdamente, sino que puede irritar o dañar la piel.

Aplica el suero con toques de las yemas de los dedos o de las palmas de las manos, pero sin frotar ni estirar.

Si tarda en absorberse o te quedan zonas pringosas o untuosas, es que has usado más de lo necesario. Tenlo en cuenta para la próxima vez.

Aunque las cantidades recomendadas te parezcan ridículas, haz caso de las instrucciones del producto. Piensa que el fabricante siempre quiere vender más, así que si recomienda cantidades pequeñas, será por algo. 😄

Déjalo secar bien antes de ponerte la hidratante.

Aquí encontrarás una guía completa de cómo aplicar el sérum para sacarle el mejor partido.

Cuándo utilizarlo

Si lo que te preguntas es, a partir de qué edad incorporarlo a tu rutina de cuidados de la piel, dependerá de tu tez, sus características, el medio en que vivas y el estrés al que la sometas.

Como norma general, la piel no necesita ayudas específicas hasta los 25-30 años, pero hay factores que pueden alterar este cálculo:

Consulta con un profesional, y si empiezas a usarlo pronto, búscalo con ingredientes naturales, y de formulaciones básicas.

Si lo que quieres saber es en qué momento del día es más adecuado su uso, y contando con que hay sérums para el día y para la noche, puedes elegir el momento que prefieras para aplicártelo, teniendo en cuenta que:

Precauciones a la hora de utilizar sérum

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Debido a la calidad y cantidad de principios activos que incorporan estos cosméticos, es importante tomar algunas precauciones antes o durante su uso.

¡No te alarmes! El sérum es un producto del todo seguro, pero en ocasiones hay que ser especialmente cauteloso a la hora de utilizar cosméticos, y este no es una excepción.

Principios activos

Vamos a hacer un recorrido por los principios activos más comunes de los sérums y sus indicaciones.

Vitamina A (retinol)

Puede presentarse de varias formas, dependiendo de su grado oxidativo:

Indicada para suavizar las arrugas, tratar el acné, la hiperpigmentación (manchas), juega un papel importante en la síntesis del colágeno y la elastina, mejorando su producción.

Es antioxidante, cicatrizante y regula la queratogénesis (proceso de formación del tejido córneo, la capa más superficial de la piel), ejerciendo un suave efecto exfoliante.

Puede irritar la tez y es fotosensibilizante, pero la investigación y los avances cosméticos están consiguiendo formulaciones que evitan estos efectos indeseados sin perder ninguna de sus ventajas.

Vitamina B

Las vitaminas del grupo B son hidrosolubles, mejoran el aspecto, la microcirculación y oxigenación, elevan el nivel de hidratación, y equilibran la producción de grasa cutánea.

Por sus características específicas, destacamos:

Vitamina B3 (niacina o ácido nicotínico)

Estimula la renovación celular de la epidermis, fortalece la barrera cutánea, regula la producción de grasa, evita la aparición de manchas, reduce el enrojecimiento y mejora la capacidad de la dermis para retener la humedad.

Dilata los capilares, favoreciendo la absorción de otros principios activos.

Para poder ver resultados se necesita una concentración de entre el 2% y el 5% (en dosis menores no hará efecto).

Vitamina B5 (ácido pantotéico)

Repara la dermis, mejora la hidratación y reduce las ojeras, gracias a su capacidad para sellar los pequeños capilares rotos.

Es antiinflamatoria, cicatrizante y colabora a la mejoría de la piel quemada por el sol.

Vitamina C (ácido ascórbico o L-ascórbico)

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Uno de los ingredientes más demandados y que mejores resultados aporta.

Aquí puedes ver todo lo que tiene que aportar a tu rostro.

Todo esto se puede resumir diciendo que la vitamina C da a la tez un aspecto descansado, jugoso, juvenil y muy luminoso.

En su formulación pura -ácido ascórbico-, es difícil de procesar como ingrediente cosmético, ya que es inestable y se degrada rápidamente en contacto con el aire; pero hay en el mercado productos con formulaciones más estables, que puedes encontrar como: palmitato de ascorbilo, ascorbil glucósido, ácido etil ascórbico, ascorbil fosfato de magnesio (o MAP, por su siglas en inglés), tetraisopalmitato de ascorbilo, tetrahexidil ascorbato… (todo lo que tenga una raíz ascorb- tiene que ver con la vitamina C).

Si se utiliza el ácido ascórbico puro, tiene que ser en concentraciones altas, entre el 15 y el 20%, en un medio con un pH ácido y en un envase opaco y hermético, para evitar su degradación y oxidación.

Con una concentración superior al 20% pierde efectividad, porque la piel no puede absorber más, y puede resultar muy irritante.

Aquí tienes los mejores sueros con vitamina C que hemos probado, y de todos ellos destaca el Antiage de Nezeni Cosmetics, con propiedades antiarrugas e iluminadoras.

Vitamina E

Es antioxidante, oxigena y regenera, mejora el flujo sanguíneo, protege las células y penetra profundamente en la dermis.

Da resultados magníficos combinada con la vitamina C.

Hidroxiácidos

Son, como su nombre indica, ácidos, y su principal función es la de exfoliar, es decir, eliminar las células muertas.

Con el paso del tiempo, la piel no solo pierde la capacidad de producir colágeno, elastina, Q10 y otras sustancias, al mismo ritmo que cuando es más joven, sino que es menos eficaz a la hora de eliminar sus propios residuos y células muertas.

Aquí entran en juego los hidroxiácidos.

Por su alta capacidad exfoliante, pueden resultar irritantes e, incluso, fotosensibilizadores, por lo que su uso es más recomendable de noche.

Si los usas durante el día, no puedes olvidar utilizar protección solar (que, en realidad, no deberías olvidar nunca).

Dependiendo de tu tipo de cutis y sus necesidades, tu mejor opción será:

Los alfahidroxiácidos

Son ácidos orgánicos (de origen natural), hidrosolubles (solubles en agua), perfectos para una exfoliación de la epidermis, y dan excelentes resultados en pieles secas, con espinillas, acné superficial, pigmentación irregular, hiperpigmentación, etc.

Estimulan la creación de colágeno, aumentando la densidad de la tez, suavizando arrugas y eliminando las más superficiales.

Son un buen vehículo para otros componentes, al facilitar y mejorar su absorción.

Contribuyen a mejorar la hidratación y a reparar el daño solar.

Los más comunes son los ácidos glicólico, láctico, cítrico, málico y tartárico.

Los betahidroxiácidos

Liposolubles (solubles solo en medios grasos), tienen mayor capacidad de penetración, por afinidad con las grasas naturales de la dermis.

Su acción exfoliante es más suave que la de los alfahidroxiácidos, por lo que están indicados para pieles sensibles, con acné y poros obstruidos por la grasa, rosácea, etc.

Corrigen el exceso de grasa y la acumulación de desechos en los poros (sobre todo, en poros dilatados); son antiinflamatorios, calmantes, bactericidas y desinfectantes.

Reducen las manchas, igualan el tono y suavizan las señales del envejecimiento.

El más conocido y utilizado es el ácido salicílico.

Ácido hialurónico

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Favorece la creación de colágeno, la renovación celular, los procesos de regeneración y cicatrización; reduce las manchas y su aparición.

Pero lo que le ha convertido en el rey de la cosmética es su increíble poder hidratante: sus moléculas pueden absorber hasta 1.000 veces su peso en agua, y hacerlo en mayor o menor medida, dependiendo de las condiciones ambientales, equilibrando los niveles de humedad, lo que ayuda, a su vez, a moderar la producción de grasa.

Si quieres sacarle todo el partido al ácido hialurónico, asegúrate de que es el ingrediente activo de tu suero.

Combinado con la vitamina C, tiene un potente efecto antioxidante, gracias a la sinergia que se produce entre ambos ingredientes.

Ácido ferúlico

Es un fantástico antioxidante, mejora la producción natural de elastina y colágeno, y ayuda en la prevención y eliminación de manchas cutáneas, aportando uniformidad y luminosidad.

Pero su característica más valiosa es su capacidad de proteger muy efectivamente a la tez de los rayos UV y sus efectos, aunque no sustituye a los protectores solares.

También mejora la microcirculación sanguínea, favoreciendo la llegada de nutrientes; estimula la oxigenación intracelular, y protege los tejidos conjuntivos -o conectivos- cutáneos (los que dan cohesión y firmeza a la dermis).

Lípidos

Ayudan a mantener y restaurar la barrera protectora cutánea por su afinidad con los lípidos naturales presentes en la piel.

Las ceramidas, los ácidos grasos, como el omega 3, 6 y 9; los esteroles de origen natural, como los fitoesteroles; los fosfolípidos; el colesterol y los triglicéridos.

Resveratrol

Su poder antioxidante va más allá del de otros ingredientes, ya que no sólo evita la oxidación celular, sino que la repara, promoviendo la formación de las propias enzimas antioxidantes del cutis.

Además, alarga la vida de las células, favoreciendo la homeostasis energética de estas (hay un menor gasto de energía celular).

Regenera y aumenta las defensas cutáneas.

Coenzima Q10

Hasta hoy en día, es la única sustancia liposoluble con efecto antioxidante, que nuestro cuerpo produce por sí mismo.

Es antiinflamatoria y un poderoso factor contra el envejecimiento, suavizando y reduciendo arrugas de forma muy eficaz, pero donde más se notan sus efectos, es en la reparación profunda de la tez estropeada por el sol, ya que no sólo la protege, sino que tiene la increíble capacidad de repararla.

Probióticos y prebióticos

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Su objetivo es mantener o restablecer la microbiota cutánea (microorganismos que tenemos en la piel y que son fundamentales para su salud).

Los probióticos son microorganismos vivos, que vienen a reforzar los que ya tenemos en la tez, aumentando sus defensas.

Los prebióticos son “alimento” para los organismos que ya tenemos en la piel, y se utilizan para estimular y mejorar su crecimiento y equilibrio.

Los mencionamos porque, aunque todavía no hay demasiados estudios que respalden su efectividad tópica, los que hay son prometedores y su uso se está incorporando rápidamente.

Si te atreves a hacer tu propio sérum, te damos pautas y algunas recetas en este artículo.

Cuál elegir

Los mejores indicadores para elegir tu sérum, son tu propia tez, tu experiencia y el sentido común.

Pregunta a los expertos si tienes dudas.

Aquí te dejamos unas indicaciones muy generales, que pueden servirte de orientación.

Este tipo de pieles necesitan, siempre, protección solar efectiva y constante.

Y si estas por la labor, también puedes optar por hacer tu propio serum facial casero con ingredientes que tienes en casa.

Por si te quedan dudas

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¿Sirve para todo tipo de piel?

Sí, definitivamente. Solo tienes que buscar el que mejor encaje con tus necesidades específicas.

Como hemos visto, incluso las pieles grasas o con problemas pueden beneficiarse mucho de su uso habitual.

¿Por qué es un producto tan caro?

Puedes encontrar en el mercado sérums a precios muy razonables, pero es cierto que en la relación cantidad/precio, resulta más caro que otros cosméticos.

La alta concentración de principios activos explica su precio.

Por otro lado, por sus características particulares, siempre se utiliza en cantidades muy muy pequeñas, así que cunde y dura mucho.

Por último, el sérum más caro no es necesariamente el mejor, en líneas generales, ni el mejor para ti, en concreto.

¿Es verdad que puedo usar varios a la vez?

La técnica del layering (importada de oriente, consiste en aplicar cosméticos por “capas”), muy de moda en la actualidad, puede emplearse con los sérums, pero debes tener en cuenta varios factores:

¿Todos los sérums son de uso diario?

En principio, sí, aunque dependerá de su composición, su grado de concentración, la tolerancia de tu piel y las condiciones externas.

Los que tienen un profundo efecto exfoliante pueden no ser la mejor elección para todos los días, y puedes alternarlos o utilizarlos dos días por semana; los que tienen componentes fotosensibilizadores es mejor dejarlos para la noche.

¿Hay sérums con protección solar?

Aunque existen algunos con protección solar, no es un factor importante ni efectivo en un sérum, ya que este actúa en las capas profundas de la piel, y la protección solar es una pantalla que tenemos que interponer entre el sol y nuestra epidermis.

De hecho, el protector solar, para ser efectivo, se debe aplicar sobre la hidratante, y esta, sobre el sérum.

¿Y los sueros grasos?

Es cierto que hoy en día existen en el mercado sueros con base oleosa, indicados especialmente para pieles muy secas, pero, al contrario que los sueros de base acuosa, se aplican sobre la hidratante, para sellarla y potenciar su efecto humectante y protector.

Si tenemos en cuenta una característica básica del sérum, que es su capacidad de penetración, es posible pensar que estos sueros grasos quizá deberían llamarse de otra forma, para evitar confusiones.

¿Las ampollas y los tratamientos “flash” son sérums?

Sí y no. Las ampollas comparten con los sérums la alta concentración de principios activos, y la capacidad de penetrar hasta la dermis, consiguiendo resultados en muy poco tiempo.

Pero las ampollas y los tratamientos “flash” son más concentrados que los sérums, más sensibles a la oxidación y la degradación (por eso se presentan en monodosis siempre), y están indicados para usos puntuales o durante cortos períodos de tiempo, como un recurso intensivo.

De hecho, lo que los hace tan efectivos, es decir, su altísima concentración de activos, es lo que los hace no aptos para un uso diario continuado.